Lily Ortiz 3

Hablemos De… Entre abrazos, no balazos y armas.

En un México donde diariamente de manera tan lamentable se registran hechos violentos, donde asesinatos, enfrentamientos entre grupos crimíneles y demás se han convertido en el pan de cada día del territorio nacional, parece ser que se sigue sin tener una estrategia correcta para brindar de lo más básico a los mexicanos, que es la seguridad.


Y es que entre abrazos y no balazos, una política del gobierno federal que ya vimos que a todas luces no tiene ni pies ni cabeza, ni mucho menos ha bajado los índices de inseguridad y que sobre todo está muy alejada de la realidad que se enfrenta.


Hoy viene la “maravillosa” propuesta del presidente Nacional del PRI, Alejandro “Alito” Moreno, de que la ciudadanía pueda estar armada para defenderse de la inseguridad que se vive en el país, de manera que, con la modificación de la Ley de Armas de Fuego, las personas como usted y como yo, podamos acceder a armas de mayor calibre con el fin de proteger a la familia, la vida, casa, negocio, etc, pues a decir por el priista el gobierno no ha garantizado un ambiente seguro.


Y en efecto los últimos registros señalan que este año conforme avanzan los meses se han tornan más violentos cada vez, de un gobierno federal actual encabezado por Andrés Manuel López Obrador, y vaya que esto es mucho ya que decir, recordando el sexenio de Felipe Calderón el cual fue sumamente complicado en esta materia.


Pero en una cruda realidad donde la ciudadanía somos menos empáticos, menos tolerantes con el prójimo y donde los niveles de estrés están al límite por todo lo que sucede a nuestro alrededor ¿es conveniente armar a las personas? ¿En verdad creemos que esto traerá paz al país? En mi manera muy personal será contraproducente y de alto riesgo para todos, recordemos, la violencia únicamente genera más violencia.


Aunado a que los suicidios están cada vez al alza, imagínense el riesgo que existe aún más de que las cifras se incrementen en este tema, cuando quien sufre de depresión u otra enfermedad mental tenga a su alcance un arma de fuego, el desenlace sin duda será lamentable.


Concluyo señalando que la seguridad le corresponde dotarla a los gobiernos y no ser el ciudadano el que la genere y mucho menos haga justicia por su propia mano.


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